LUCÍA DE BRITO
Y apenas cabe en la mano la cajita de música que la anciana rescata de la basura. Al
abrirla, la bailarina gira y la calle desaparece. Vuelve a ser niña. Su madre cose, le dice
que no hay tiempo para sueños, que tiene trabajo. Durante años creyó que le robaron la
danza. Ahora recuerda las manos cansadas, el pan sobre la mesa, el amor sin palabras. La
música se detiene. Con el recuerdo aún vivo, levanta los brazos y baila. Por un instante,
no olvida nada y su mente pausada se despierta, permitiéndole existir completa, libre,
presente, finalmente, sin miedo.
