Jorge Luis González
Uno no elige lo que recuerda. Parece ser que los recuerdos son los que nos reconocen y poco a poco van construyendo nuestra identidad (que paralelamente también va siendo nuestra memoria). ¿Qué pasa cuando los recuerdos ya no nos buscan y quedamos varados en el olvido? Es la pregunta que pone en escena David Almaga, dramaturgo, actor y director de Avería.
Cada objeto en el escenario se redimensiona gracias a la memoria que lo viste. No sólo la que propone David — la historia de sus abuelos que pierden poco a poco la capacidad de recordar —, también inciden los recuerdos que algunas personas del público depositan en una pequeña cesta para dotar a cada función de una autonomía particular.
Los objetos son guardianes de la memoria, pero en sí mismos carecen de valor. Debe haber alguien que les de peso, alguien que comprenda su resistencia ante el tiempo: las fotografías, las grabaciones, lo que pensamos que es un registro fidedigno de los “hechos” se convierte con el pasar de los días en información carente de vitalidad. La memoria nos obliga a reconstruir, a traer al presente esas cosas que “fuimos” para entender lo que “somos”.
Pero más allá del sentido existencial de la memoria y los objetos, Avería explora el sentido emocional del acto de recordar. En psicoanálisis se dice que extrañar a alguien obliga a reconstruirlo, a traerlo a nosotros. Más que un anhelo de presencia se trata de una apropiación cifrada en un acto de amor: aunque el otro no esté, algo de él nos pertenece: un gesto, una expresión, un modo de hacer. Cuando no somos capaces de recordar, no somos capaces de amar porque nuestras anclas al mundo se desvanecen y la reconstrucción se imposibilita. David lucha contra ese desvanecimiento y llena el cascarón vacío en el que se van convirtiendo sus abuelos. Esa resistencia frente al olvido es la que crea una relación angustiante con los objetos, pues la tarea consiste en reconstruir toda una vida a través de una serie de residuos que también se van desgastando.
Es una puesta en escena que reúne el carácter profundo de la memoria a manera de reflexión sobre la identidad y el sentido emocional de los recuerdos que explora la experiencia del duelo. Avería como obstáculo, pero también como reivindicación del trabajo imaginativo que supone recordar a alguien a través del amor.


