Javier Díaz
La juventud es una época de potencialidades, y a la vez,
de retos.
Siempre he tenido fascinación por el mundo supernatural, ese en el que dominan los fantasmas y los espíritus, el que plantea la existencia de las reencarnaciones y los seres fantásticos. Pero una fascinación que provenía desde el velo del entretenimiento, del simple espectador que se queda en la superficie. Fue a mediados del 2024 que empecé a indagar e involucrarme más en este mundo alterno de los cristales, las energías, el zodíaco, astrología, tarot, entre otras cosas. Mi mayor fascinación entonces no fueron los temas ni la visión del mundo que había dentro, sino la cantidad de gente que conforman las comunidades de lo esotérico y el ocultismo. Desde entonces, ante mis ojos se ha vuelto más común ver a personas con algún artefacto o práctica de este mundo, y al mismo tiempo, notar que muchos de quienes las realizan somos jóvenes, que, además, nos inclinamos hacia la lectura del Tarot. Dicha observación plantea preguntas con sus correspondientes teorías. Mas sólo una importa en este instante: ¿qué relación guarda esta mística herramienta con nosotros? Para comprenderlo, habrá que ver su historia.
Dos afirmaciones pueden hacerse: la primera es que se desconoce el origen exacto del Tarot. Algunos creen que proviene de Egipto; otros, que fue creado en Marruecos. La segunda es que los primeros registros que se tienen sobre el uso de las cartas provienen del siglo XIV, aunque en aquel tiempo su función era la de un juego de baraja. Pero con el tiempo, poco a poco se convirtió en una herramienta para adivinar el futuro, hasta su consolidación en el siglo XIX. Para algunos, es un sistema para el desarrollo y la iluminación del ser en el entendimiento de su vínculo con el Universo; sin embargo este conocimiento sólo está disponible para unos pocos elegidos, a quienes se les revela el simbolismo detrás de las imágenes que lo componen.
Un mazo regular de tarot está compuesto de 78 cartas. 22 corresponden a los Arcanos Mayores, también llamados triunfos, que simbolizan aspectos universales de la experiencia humana. Para Jung eran los arquetipos del inconsciente, patrones de influencia inherentes en la humanidad. Las otras 56 son los Arcanos Menores, que representan las preocupaciones, actividades y emociones de nuestro día a día. Se dividen en cuatro palos (Copas, Pentáculos u Oros, y Bastones o Bastos) con catorce cartas cada uno. Diez están numeradas y las otras cuatro son figuras de la corte: el Rey —aunque ciertas corrientes nombran Caballero—, La Reina, el Caballo o Príncipe, y la Sota o Princesa. Todas tienen un significado, mas no es concreto pues depende de la lectura, la posición en el esquema e incluso si está al derecho o al revés. Y en conjunto, nos hablan de las situaciones y las personas. Si en verdad pueden hablar del futuro y mostrarnos el camino hacia la iluminación, ¿qué puede decirnos el Tarot a los jóvenes?
La primera carta es el Arcano Cero, conocido como El Loco. Nos habla de los nuevos comienzos que vivimos constantemente, ya sea por cambiar de trabajo, de ambientes sociales, inclusive académicos; o por aventurarnos a realizar algo fuera de nuestra zona de confort. Es en esos momentos cuando se nos llega a tachar de Locos, porque sólo alguien que ha perdido su juicio se arrojaría a la aventura de lo desconocido. Los que han comenzado un negocio o un proyecto personal; los que se mudaron en búsqueda de oportunidades; los que decidieron viajar; contraer matrimonio o formar una familia… Y muchas veces sólo nos impulsa la fe y la esperanza de que todo salga bien, ignorando a quienes dudan de nuestras capacidades. Este significado es más común en las cartas de la corriente Rider-Waite. En este mazo se ve a un hombre vestido de bufón al borde de un acantilado y con la mirada puesta hacia el horizonte. Lleva sobre su hombro una vara con un fardo; en la mano, una flor blanca. A su lado un perro que intenta advertirle del peligro o detenerlo.
El Loco también nos habla de nuestras luchas internas, de nuestro camino hacia la iluminación y la perfección del ser. La teoría dice que la juventud es una época de transición. Durante la experiencia que vivimos en ella, maduramos para estar listo en la fase de la adultez. En ese camino enfrentamos heridas del pasado; el miedo al fracaso y a estancarse. A ratos nos sentimos capaces de comernos el mundo, y en otros instantes, creemos haber perdido el rumbo, y entonces las dudas nos abordan. A veces descubrimos nuestra verdadera vocación o, en su lugar, reafirmamos nuestras decisiones. Esta interpretación se refleja en el Tarot de la Golden Dawn. El dibujo corresponde al de un niño desnudo con el rostro consternado cerca de un rosal. Mientras alarga una mano hacia las rosas, con la otra sostiene una correa que ata a un lobo gris. Al describir esta imagen, viene a mi mente Lobo Estepario de Hermann Hesse, donde el lobo es una representación del inconsciente. El único camino es hacia adelante.
La lectura es clara: la juventud es una época de potencialidades, y a la vez, de retos. Vendrán de fuera, pero también de aquello que está oculto en nuestra sombra, el inconsciente. Pero, como se verá más adelante, ya tenemos las herramientas para triunfar.

