Sofía Carrandi Ramos
¿Estamos honrando a la naturaleza al destruir el lago y demás cuerpos de agua del valle? ¿El estar actuando constantemente en contra de la naturaleza es lo que nos mantiene bajo el agua?
Ya todos hemos visto en las noticias los horrores que han sido las lluvias estos últimos meses. Inundaciones por todos lados, viviendas completas destruidas, el aeropuerto colapsado, cortocircuitos en las líneas del metro… Por supuesto, también lo hemos sufrido de primera mano. Tráfico interminable; sacar a cubetazos el agua de las casas, esperando salvar lo más que podamos; rayos y truenos que literalmente sacuden la tierra; y sí, todas esas otras situaciones en las que estás pensando, lector, al leer esto.
En fin, nadie que habite la ciudad y el Estado de México necesita que ilustre lo que está sucediendo. En vista de la situación, es natural que la gente busque respuestas, mismas que el gobierno y los noticieros han contestado con base en dos problemas principales: por un lado, la naturaleza y geografía de la Ciudad de México, y por el otro, la infraestructura de la ciudad y el manejo de la basura.
Empezemos por la primera. Es bien sabido que la Ciudad de México fue construida sobre un gran lago, el Lago de Texcoco, el cual, entre intervención mexica y española, se ha ido secando poco a poco, reemplazado por la enorme ciudad que más de veinte millones de personas habitan. Además de eso, sabemos que varios ríos del Valle de México también han sido drenados o intubados. No es sorpresa entonces que la ciudad haya sufrido de constantes inundaciones y que muchas estructuras se hundan con el tiempo. Todos los chilangos entendemos eso, pero ¿lo aceptamos?
Construyendo sobre está idea de la aceptación, viene a mi mente la idea del Camino, descrita en el Tao Te Ching. Aunque Lao Tze fue muy claro en que el Tao no puede ser definido propiamente, trabaja mucho con la idea de la fluidez de la naturaleza. Las cosas son como son y lo mejor que puede hacer el ser humano ante ello es nada. Así, nada. Simplemente aceptar el andar de la naturaleza y no luchar en su contra. Claro que esta idea se complejiza considerablemente con miles de años de distancia, la revolución industrial y el exponencial crecimiento de la población. Sin embargo, a lo largo de los años, el taoísmo se ha mantenido relevante y, en vista de las recientes inundaciones, quizá vale la pena revisarlo, incluso en un país tan lejano al de su nacimiento. En el capítulo 16 menciona que todo en la naturaleza regresa a su estado original, a su raíz, por lo tanto, podríamos entender que el Valle de México es un lago vacío, siempre intentando regresar a lo que fue. En el capítulo 51, el Tao Te Ching habla de una naturaleza creadora que da vida sin intención de controlarla, por lo que todas sus creaciones la honran. ¿Estamos honrando a la naturaleza al destruir el lago y demás cuerpos de agua del valle? ¿El estar actuando constantemente en contra de la naturaleza es lo que nos mantiene bajo el agua? Siguiendo la idea taoista de la no acción, podríamos decir que sí, cavamos nuestra propia tumba al intentar domar a la naturaleza.
¿La solución entonces es permitir que la ciudad se hunda, destruyendo miles de hogares y obligando a las personas a desplazarse? Desde un punto de vista social, no es una solución viable. ¿Qué debemos hacer? A modo muy taoísta, ¿nada?
Podríamos explorar ahora la posiblidad de simplemente dejar a la naturaleza hacer y adaptarnos a ella en vez de modificarla, pero para eso tendríamos que concluir que las inundaciones son puramente causa natural; cosa que, nos consta, no es el caso. Alrededor de este tema, también ha llamado la atención a la infraestructura de la ciudad y su participación en las inundaciones. El gobierno ha sido señalado por los sistemas de drenaje obsoletos, que a pesar de supuestamente recibir mantenimiento constante, poco hacen para evitar las inundaciones. (Cabe mencionar que el Tao Te Ching también señala reprobatoriamente al gobernante egoísta que no se pone al servicio del pueblo). Se sabe que durante la temporada de lluvias pasada también se presentaron varias inundaciones en la ciudad, mismas que fueron causadas por las limitaciones del sistema de drenaje y mismas que se repitieron este año, pues a pesar de que cada año sea lo mismo, el drenaje no se ha adaptado a las cantidades excesivas de lluvia que hemos experimentado por mucho tiempo. ¿Cómo aceptar entonces, con gracia taoísta, un problema que en parte es causado por un gobierno irresponsable, criticado por el mismo Tao Te Ching?
Sin embargo, hay una última cuestión que se menciona cada vez que ocurren inundaciones como las que hemos vivido estas últimas semanas: la basura. Y ante esto, se ha señalado a la ciudadanía en general, cosa que resulta muy conveniente para un gobierno que quiere, ante todo, desentenderse, pero ¿es válido este argumento? ¿Es responsabilidad también del ciudadano evitar las inundaciones en esta gran ciudad? Regresando al taoísmo, se habla mucho del no hacer y, en este caso, pareciera ser tan sencillo como no tirar basura en la calle, pero ¿será suficiente? Llegan a mi memoria recuerdos de mi infancia, cuando me enseñaban en la escuela estrategias para ahorrar agua y separar basura, haciéndome creer que esto salvaría al medio ambiente. Luego creces y te enteras de que las compañías de moda contaminan millones de litros de agua al año y que la mayoría de la basura recolectada acaba toda en un mismo lugar. Menciono esto porque la sensación de desesperanza me hizo querer dejar de tomar las medidas ecológicas, pues al final no servirá de nada. Entonces, en vista de las otras dos causas grandes de las inundaciones, ¿vale la pena que los ciudadanos tomen acción? En el capítulo 13 del Tao Te Ching, se enaltece la capacidad de cuidar al entorno como uno se cuidaría a sí mismo, por lo que, siguiendo esta enseñanza, también es nuestra responsabilidad tomar parte en la prevención de las inundaciones (Aunque cabe resaltar que este fragmento señala especialmente a los gobernantes de una sociedad). Dicho esto, Lao Tze claramente hablaba de la sociedad en este capítulo. Cuando se trata de la naturaleza, su principal consejo, nuevamente, es simplemente fluir y no resistirse.
¿Qué hacer, pues? Tristemente, la sabiduría ancestral no siempre da respuestas tan claras como nos gustaría, sin embargo, su antigüedad no necesariamente la hace obsoleta, al contrario, creo que podemos aprender mucho del Tao en cuestiones del cuidado a la sociedad y l armonía con la naturaleza. Quizá lo que nos toca es seguir haciendo lo que cada uno puede hacer; no contribuir a la acumulación de basura, informarnos y exigir cambios necesarios a nuestro gobierno, y procurar estar preparados para levantarnos cuando la naturaleza, sin maldad ni propósito, sigue su curso.

