Cuando sobrevivir es una defensa contra la muerte

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José Ángel

Madadayo (¡Todavía no!) fue la última película escrita y dirigida por Akira Kurosawa. Está inspirada  en Hyakken Uchida, hijo de una familia de fabricantes de sake en Okayama y quien, a la edad de veintiún  años, estudió alemán en la Universidad de Tokio. Tras  

graduarse, Uchida trabajó como profesor de alemán y  escribió gran diversidad de obras literarias, entre las  que destacan los relatos de Meido (El más allá). 

La película, que oscila entre la comedia y el drama, posee tintes de meditación sobre la vejez y la mortalidad. Temas que intuyo fueron de vital importancia  en la vida del director al momento de producirla. En  cuanto a la historia, seguimos al profesor Uchida,  quien se jubila de enseñar alemán en Tokio justo antes  del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Como es de  esperar, la casa del profesor es bombardeada. Esto lo  obliga a refugiarse en una caseta junto a su esposa  y son sus antiguos estudiantes quienes les ayudan a  sobrevivir. 

En ese sitio sin paredes, el profesor comienza  a tener fiestas de cumpleaños que son planeadas por  sus estudiantes, mismas en las que, tras beber un  vaso de cerveza, proclama para terminar la ceremonia:  Madadayo. A nivel simbólico, el acto refleja la fortaleza  del profesor y la alegría con que deben afrontarse las  adversidades. En un sentido ritualístico, pareciera que  intenta ahuyentar a la muerte ante la pregunta: ¿Ya te  llevo? O también podría reflejar una declaración vital:  Aunque la muerte está cerca, la vida aún continúa. 

Entre escenas que muestra la vida cotidiana del profesor y su esposa, pasan los años, cambian de  vivienda y adoptan un gato, Nora. Mismo que luego desaparece y lo sumerge en una profunda tristeza, así como si su propio hijo hubiera desaparecido. Más tarde, otro gato, Kurz, se hace presente, lo que le devuelve algo de paz.  

Con el pasar de los años, lo que en principio eran  reuniones entre el profesor y sus viejos estudiantes se  convierte en fiestas cada vez más familiares. Esto permite reflejar el paso del tiempo al mostrar el proceso de envejecimiento del profesor, un envejecimiento sereno por la ayuda de los estudiantes. 

Si bien hay muchas cosas que pueden decirse sobre Madadayo, me gusta pensar que, más que una película, se trata de un poema visual sobre la vejez, el legado y la comunidad afectiva que a veces no  siempre es apreciada en el ámbito educativo. Lugar  en donde, en la actualidad, la enseñanza parece estar descuidándose cada vez más entre los jóvenes. Yo  me pregunto si acaso los profesores hoy en día todavía  cambian la vida de sus estudiantes. 

En cuanto al propio Kurosawa, la película está  plagada de simbolismos personales. Hay quienes  creen que se trata de un paralelismo entre Uchida y el  propio Kurosawa: un maestro en el ocaso de su carrera, entre la nostalgia y la serenidad de todavía no ver la muerte cerca. 

A nivel estructural, la película es episódica y tiene un ritmo meditativo que se abstiene de una trama  convencional al optar por momentos significativos en  la vida cotidiana del profesor: la guerra, la pérdida, la  celebración, el paso inexorable del tiempo. En cambio, desde el aspecto visual, las escenas que parecen  tener mayor impacto poético incluyen los montajes  estacionales en la caseta y la escena final en donde,  como en un sueño, el profesor nos explica sin miedo  a hacernos estallar en llanto el origen del Madadayo  sobre un cielo crepuscular que parece simbolizar la antesala a la propia muerte. 

Madadayo es un testamento íntimo que debe  mirarse con calma, escucharse sin pensamientos invadiendonos la cabeza y sentirse sin temor a sabernos  humanos. Alejada de la violencia y los sueños apreciables en otras de sus obras, en Madadayo nos acerca a la naturaleza de la realidad que bien puede estar sucediendo en estos momentos de guerra o que no puede  estar sucediendo porque los estudiantes han perdido a sus profesores debido a actos de violencia. 

La película, de humor sutil y de calma, es una  obra de arte que invita a reflexionar sobre la vida, la  memoria y el tiempo. Es una obra que recomiendo a  los amantes del cine contemplativo y emocional, a  aquellos que quieran reflexionar sobre la vejez, el oficio del profesor y el vínculo maestro-estudiantes. 

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