LUCÍA DE BRITO
En una discusión habitual, una joven increpa a su madre diciéndole que jamás cometerá
los errores que ella cometió. Expone los ejemplos que hacen a su madre sentir culpable. No
tomará sus mismas decisiones; por tanto, evitará equivocarse de la misma manera. Está
convencida. Su única ambición es ser lo mejor que pueda en la universidad para evitar el
fracaso y la caída.
Tras graduarse, la visión de su futuro se distorsiona como fruto de una guerra que está
azotando Europa. Sus padres se están separando, su madre tiene que cerrar su negocio y ella
teme quedar a la intemperie. Lo que debe hacer es lo opuesto a lo que se juró a sí misma.
Jamás tomaría las mismas decisiones que tomó su madre: viajando al otro lado del mundo
para buscar un trabajo, sacrificando un amor por el suyo propio y dejando que el
desconocimiento la manipule.
Como nadie tiene las riendas del destino, la vida puso a la joven ante las mismas
circunstancias que vivió su madre y sorprendentemente tomaron las mismas decisiones.
Encadenando una tras otra, convirtiéndose en un reflejo de su madre a su pesar. La joven, al
cabo de unos años, se convirtió en madre y tuvo la misma discusión con su hija, pero esta
vez, consciente de que lo que hizo culpable a su madre también la hace culpable a ella.
Sus palabras todavía resuenan en su interior. Todavía hay rastro de sus diferencias
porque, por mucha fuerza que pusiese en contra de su voluntad, nunca se podría desprender
de la madre que habitaba en ella.
Ilustración de: Catalina González
