Consejos de Escritor #1: Poesía

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Jorge Luis González

No hay un método para producir literatura. En ocasiones escribir es interpretar lo ya escrito: dar orden a la realidad. Otras veces el lenguaje adquiere cierta autonomía frente a la voluntad del escritor. Lo cierto es que el oficio exige, como cualquier otro, ensuciarse un poco las manos, es decir, practicar. Los siguientes consejos están pensados de ese modo:
no una teoría sobre la escritura, sino una serie de herramientas prácticas — martillos, agujas, desarmadores — que pretenden ser lo más precisas y útiles posibles.

Consejo 1:

Ser coherente con el campo semántico. En una casa hay muchas habitaciones, pero cada una tiene su propia lógica: en la cocina hay vasos, platos, hornos de microondas, etc. Si pasamos al baño debe existir el lavabo, la regadera, el wc, etc. Hay que pensar el poema como una casa.

El poema siempre oscila entre revelar y abstraer. En los casos más abstractos, aún es posible mantener una lógica semántica. Como ejemplo, el siguiente poema de Pizarnik: 

«Sólo la sed

el silencio

ningún encuentro. Cuídate de mí amor mío

cuídate de la silenciosa en el desierto

de la viajera con el vaso vacío

y de la sombra de su sombra.«

El desierto y el vaso vacío desembocan en la sed. El silencio también tiene relación con el desierto. La sombra de la sombra con el vacío y el encuentro. La sombra de la sombra da la impresión de un “encuentro vacío”.

Consejo 2a:

 El sonido da el sentido. Esta idea ha sido trabajada por poetas como Octavio Paz y es muy simple: el poema es oralidad en primer lugar, es decir, un poema debe escucharse como el caudal de un río, con un ritmo continuo, con un sentido sonoro que después se complemente con el significado.

Del mismo poema de Pizarnik: existe una especie de “siseo” que da un ritmo muy fluido: sed, silencio, silenciosa, desierto, vaso, vacío, sombra de su sombra. El poema también se apoya en la aliteración “vaso vacío” y en la repetición del verbo “cuídate”.

Consejo 2b:

 (Del anterior) Leer el poema en voz alta, siempre. La vitalidad de los poemas está en la voz de quien los lee. Incluso en los poemas “visuales” debe predominar la necesidad oral.

Consejo 3:

Dejarse guiar por el poema. Lo que importa nunca es lo que pasó, sino lo que pasa en el poema. Es decir, si el poema va transformando por necesidad un hecho, no se traiciona ninguna sinceridad. La sinceridad está en el estilo mismo con el que se cuentan las cosas. 

En este caso no se narra un hecho o una acción como tal. El poema trabaja sobre una emoción y crea un escenario abstracto. Hay una especie de viaje en el desierto y las demás acciones parecen ser una especie de advertencia que gira en torno a las sensaciones de sed y soledad.

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