Lectura de Tarot para jóvenes #2: La Sabiduría del Mago

JAVIER DÍAZ

Potencial: la capacidad inherente en cada idea, objeto y ser viviente de alcanzar un estado distinto a su presente, sea perjudicial o benéfico. Dicho de otro modo: es la mera existencia de la posibilidad en cualquiera de sus formas. Para el Tarot, así como para la Astrología, es un aspecto relevante en la vida, pues considera que todo es posible, en especial porque la vida es por sí misma cambio y mutabilidad: un día estamos abajo y al otro, arriba; y viceversa —aunque algunos quieran aferrarse a la idea de que los Astros sellaron el destino de su carácter en el día de su nacimiento. Visto a profundidad, un nuevo comienzo siempre representa un cambio que abre camino a nuevas posibilidades, pero son nuestras acciones las que definen nuestro destino. Para mí, la carta de Tarot que mejor representa esto es El Mago. Tanto en la ilustración de la Golden Dawn como en la Rider-Waite, hay un hombre de pie, y una mesa delante de él. En la superficie descansan una espada, una copa, un basto y un pentáculo. Hay unas pocas diferencias: en la primera imagen, tiene los ojos cerrados y las palmas boca abajo frente a su abdomen, como si estuviera meditando. En la segunda tiene los ojos abiertos, una mano al aire que sujeta una vara mientras que la otra apunta hacia el suelo.

En la tradición de la Golden Dawn el mago representa sabiduría, preparación, habilidad, astucia. En la Rider-Waite corresponde a la acción, concentración, poder y consciencia activa. En conjunto significa, al menos para mí, que todo lo que nos proponemos está al alcance de nuestra mano, que puede lograrse porque ya tenemos en nuestro interior todo lo necesario para ello. Depeche Mode lo expresa al cantar All I ever wanted/All I ever needed/is here in my arms: lo único que falta es despertarlo. Esa es la razón de que delante de El Mago estén los objetos que están, representantes de los cuatro elementos (Aire, Agua, Fuego y Tierra, respectivamente),  relacionados con los siguientes aspectos de la vida: el pensamiento, las emociones, la pasión/acción y lo material, este último más como búsqueda del éxito. Pensar en esta interpretación no implica negar que las oportunidades no están disponibles para todos. Al hablar del tema, recuerdo la ética de Baruch Spinoza. Un amigo me contó que este filósofo no piensa en un reglamento divino o en una moral basada en creencias, sino en las afectaciones que pueden hacerse a las potencialidades del individuo: malo si las perjudicas, bueno si las beneficias. La conclusión no es gratuita, y quiero creer que se debe a que él vio que la opresión equivale a limitar a las personas. Sin embargo, hasta en eso hay diferencias.

Escribo esto a pocos días del 8M y las marchas feministas en México. Soy consciente de su lucha, de los problemas que viven y el mundo que enfrentan. Sin embargo, es ahora que comprendo la complejidad del asunto. Históricamente, las potencialidades femeninas han sido reducidas al aspecto materno, a ser objetos de deseo, a cumplir las expectativas de los demás. Y aunque con el paso del tiempo han logrado su derecho a tener propiedades, manejar su propio dinero, escoger su profesión, a decidir que hacer con su vida y hasta donde llevarla, al día de hoy la lucha sigue, sobre todo, para evitar un retroceso. Por poner un ejemplo: en alguna plática con mi mamá, ella mencionó que ninguna mujer debería de ostentar una posición de poder, como la presidencia de un país, y no por temas de preparación o capacidad, sino por nuestra creencia colectiva de que no intimidan ni tienen autoridad; se pone en duda porque las calificamos de emocionales, histéricas, rencorosas entre otros adjetivos. Dicho de otro modo, buscamos una excusa para bloquear sus potencialidades, para devolverlas al molde que por siglos se les ha confinado. Por eso hay quienes las prefieren jóvenes, y existen lugares donde las casan siendo niñas, para que así puedan manipularlas sin miedo a la desobediencia. Por eso culpan a la chica adolescente por terminar embarazada, en lugar de aquel que la convenció de que tener relaciones sexuales era una muestra de amor, porque es de señoritas esperar hasta el matrimonio; y por si no fuera poco, las obligan a volverse madres para que “aprendan a no abrir las piernas”. Por eso se les exige que se vean siempre lindas, impecables, perfectas y dulces, incluso si su día está siendo una mierda, porque se considera poco femenino verlas despeinadas, sin maquillaje y de mal humor. Por eso hay quienes insisten en “cortejar y conquistar a alguien” aunque les hayan dicho mil veces que no, pues las mujeres tienen que hacerse las dificiles para no verse como “unas cualquieras”. Por eso hay quienes las asesinan cuando deciden abandonar el rol de esposa o dejar una relación, porque ellas deben quedarse con un sólo hombre por el resto de su vida. Y así podría extenderme por varios párrafos porque las mujeres luchan cada día para quitarse el peso de los estereotipos y las expectativas ajenas. Por eso sé que las palabras de mi madre no iban cargadas de cizaña contra su propio sexo; sino que llevaban su experiencia como mujer.

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