ISOLDA CARREÑO
Tenía que enojarme contigo, por deber y obligación. Pero sentía en las cuerdas de mi garganta el ardor de tragarme corajes que ni siquiera eran míos. Te llevaste las risas y la paz de la casa contigo. Me dejaste sola con Angustia y sin contrapeso. Llegaron primero los sismos, los escuché de lejos. Después las avalanchas, frías y demasiado grandes para un cuerpo como el mío. Debajo de la nieve, atrapada en la frágil burbuja de aire, arriba y abajo tienden a desaparecer. O todo estaba al revés o yo estaba de cabeza. Nadie desperdicia su tiempo pensando en algo que no ve. Por lo general no vemos las cosas venir, pero yo sí lo sentí, por debajo de la almohada y sostenido al barandal. Aquí, la
nieve se traga los gritos, la compañía y el calor. El mundo sólo grita así de fuerte cuando se te mete a los huesos y te agranda tanto que te pierdes.
Je suis né en sourir,
mais j’ai crié mon souffle…
Mes yeux brûlent les notes
que ta voix avais supprimé.
Borroso y ardiente el amor de las lágrimas. Los ojos no lloran, pero el cuerpo sí. Por eso cae por los suelos, difumina la silueta, el mundo voltea a verte, y te cubres. Te fuiste de la casa, pero dejaste abierta la llave de paso y una Furia en la tercera habitación. Nunca viste las cascadas que salían de la pared de piedra de la sala, ni las hormigas llenas de humedad.
Tu m’fais honte
Je m’fais honte
plutôt d’honte
de vivre
Evité vomitar el incendio en mi barriga, me lo tragué para quitarme las culpas. ¿Cómo hacer una señal de humo a través de una puerta invisible?
