Poemas

IRVING FERNANDO

Criptobiosis de mi amor

Cuando nuestras miradas se cruzaban,

lo sentía como un plenilunio.

La luz descansaba en tu piel,

como si el sol supiera amar.

Ahora no descansa en mí.

Vivo en las sombras.

Hoy ya no veo a nadie,

porque la luz

me parece inoportuna.

Mi alocución de amor funcionó,

después de nuestra amplexación.

Luego la vida nos separó,

y aún espero que nos vuelva a unir.

Te pregunto,

¿quieres ser el amor de mi vida?

Dime,

para ser fuerte.

¿O quieres ser

el amor de mi muerte?

De ti depende

que la muerte nos separe

o nos junte

por siempre.

Yo, ciego vidente,

de vista excesiva.

Tú tan bella,

tan diva.

Mientras te pongo disyuntivas,

tú disfrutas

el día a día.

Le hice el amor

a los versos que te escribo,

por no poder

hacértelo a ti.

Y no es que tenga miedo a morir,

pero cada vez

me cuesta más trabajo

sentir.

Respiro profundo,

el olor a lluvia.

Una tarde silenciosa

en mi habitación vacía.

¿Qué hacía?

No era lluvia,

era llanto.

El silencio me calmó.

Tan loco yo,

por quererte tanto.

Por esta hora

que no sé cómo vivir,

el deseo

es un anhelo del pensamiento

hacia el porvenir.

No puedo dejar ir.

Tengo el corazón de luto.

Sin ti,

la vida

no la disfruto.

Taxones

Atardeceres verdes,

seres que anhelo.

La princesa más hermosa

del reino eres.

Al filo vivo,

del hilo tiro,

porque la clase de persona que eres

la admiro.

Tú pones orden,

tu voz ya conocen.

Yo, con mis actos, provoco

que tu familia me niegue.

Mi género generó mala fama,

sombra arrojada

sobre hermosas damas.

Pero tranquila,

no todos somos

de la misma especie.

Así que ama.

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