Gracias de merdad* por este libro: reseña de «Las gratitudes de Delphine» de Vigan

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SAYURI RAMÍREZ

*La expresión “Gracias de merdad” busca reproducir un juego de palabras del francés (explicado en la propia novela) entre merci y merde, resultado de las alteraciones del habla que experimenta la protagonista.

Las gratitudes (2019) de Delphine de Vigan publicada y distribuida por la editorial Anagrama, es la penúltima novela de la autora, guionista y directora francesa que, como su nombre lo dice, habla y nos recuerda la importancia de agradecer, reconocer y valorar, pero sobre todo, corresponder y entregar. 

“¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces al día dais las gracias?“ (p. 5); desde el primer momento, el libro nos introduce a una cuestión que parece tan simple como eso, agradecer. Sin embargo, esa pregunta nos invita a reflexionar no solo si reconocemos las acciones de los demás, sino también las nuestras y la manera en la que nos relacionamos a través de ello. A lo largo de la historia y gracias a dos personajes, Marie y Jérôme, tenemos el placer de conocer a Michka Seld, nuestra protagonista, una anciana soltera, sin marido ni hijos, que se enfrenta a las dificultades y retos que trae el avance de la edad. 

Por medio de Marie sabemos que Michka trabajó como reportera fotográfica y correctora para periódicos y revistas, se conocieron porque vivían en el mismo edificio y Michka cuidó de Marie cuando la madre de ésta no podía, a partir de ahí formaron una amistad, un vínculo y una relación que las unió de formas que jamás imaginaron; como vecinas, como amigas, como madre e hija e incluso, Michka como futura abuela del hijo que espera Marie. 

Por otro lado, tenemos a Jérôme, logopeda del geriátrico donde inevitablemente Michka termina viviendo al ya no poder hacerlo sola y sufrir de afasia (trastorno del lenguaje). Vemos cómo poco a poco Michka pierde la coherencia y dicción al hablar, cómo confunde y cambia algunas palabras o letras, pero Jérôme la anima, la escucha y la apoya; formando otro tipo de relación de cómplices, de amigos y de confidentes. 

A través de estas dos voces, de estos dos personajes, logramos conectar de manera sumamente profunda y conmovedora con Michka y su historia; su necesidad de agradecer a quienes la apoyaron de niña y lo hacen ahora de anciana, agradecer por lo que ha vivido e incluso lo que vive en estos momentos, a pesar de lo difícil que pueda ser o del ineludible final que tanto Michka como Marie, Jérôme y el lector sabemos que ocurrirá: “Hoy ha muerto una anciana a la que yo quería“ (p. 5). 

Con todo lo anterior, el libro podría resultar abrumador e irremediablemente triste, cuando no lo es. A pesar de los problemas que tiene Michka para comunicarse, logra hacerlo de maneras cómicas y especiales, el lenguaje y la forma en la que juegan con él es maravillosa, e incluso la rapidez y brevedad del libro te hacen desear que fuera más largo, sin embargo, tampoco es necesario. Además, vemos algunos destellos de la amistad que se formó entre Marie y Jérôme, la forma en la que se unieron gracias a Michka y sus palabras o la falta de ellas. 

Personalmente, la definiría como una novela necesaria, preciosa y emotiva que nos invita a reflexionar no solo sobre el acto en sí de agradecer, sino también a estimar y corresponder a quienes nos rodean, nuestras redes de apoyo, amistades, familia, entre otras. De igual manera, apreciar el lenguaje y la forma en que nos comunicamos y relacionamos por medio y gracias a él. Si bien, el libro y la historia en general se enfocan en estos dos elementos, considero que también es importante resaltar el tema central de la historia; la vejez. 

Sutilmente, el libro nos pone a pensar un poco más de manera considerada y respetuosa sobre las personas de la tercera edad, sus procesos y retrocesos como adultos y personas; verlo de esta forma, más que necesario, es un acto humano y benévolo. Pensar en nuestros abuelos, nuestros propios padres, vecinos e incluso en adultos que vemos a nuestro alrededor y brindarles no sólo apoyo, sino también compañía y acompañamiento significa agradecer y mirar con mayor atención a quienes alguna vez nos sostuvieron.

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