Miel Venenosa

SOFÍA CARRANDI

Tus clientes ya no quieren miel. Mientras alguna vez compraron frasco tras frasco, encantados, ahora conocen tu traspié, hasta entonces encubierto. Sucede que tus abejas cultivan néctar de flores tóxicas, lo cual da como resultado miel venenosa. Aun conociendo el peligro en el interior de ciertos frascos, continúas distribuyendolos. Al crecer el número de víctimas de tal envenenamiento, la gente deja de confiar en tu producto, lo cual es una pena, pues una gran porción de la miel es dulce y confiable. El problema es que la miel venenosa se confunde fácilmente con el resto. Tiene la misma consistencia, color, olor y sabor. Su letalidad se manifiesta solo cuando ya es tarde. Sería de esperarse que cortaras las azaleas de tu terreno y desecharas el lote asesino, pero en lugar de eso, te ocultas tras la certeza de que la mayor parte del jarabe dorado es saludable. Esperas que los clientes estén dispuestos a tomar ese riesgo fatal, sencillamente porque no toda la miel está envenenada. No toda la miel.

Ilustración de: Mateo Botello

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