DAVID HORACIO
Cerré los ojos y recé. Por primera vez lo hice. Pero no al Dios que está en los cielos… a ti. A ti. Y solamente a ti, que ya no estás conmigo. ¿Eso importaba? No. Tú los escucharías. Tú escucharías mis rezos, y yo lo sabía. Lo sé. En el abismo que me habita, que habito, lo sé; ahí siempre lo he sabido. Tan dentro de mí conservo el calor que me hiciste sentir. Tan dentro de mí conservo tu amor. Tan dentro de mí que aún puedo vivir lo que vivimos. Unido a ese ayer donde estabas junto a mí. Tan dentro de mí. Y ahora, más que el silencio, me responde largo y tendido: no calla.
¿Y por qué no me llevaste contigo?
¿Y por qué me dejaste aquí?
No. Ahora ya no te podré ver. Ya nunca te daré el semblante. Ya jamás oleré tu fragancia. Tu voz no sonará en mis oídos. Tus palabras se perderán en mi olvido. Tus recuerdos me abandonarán como tú lo has hecho; se irán contigo y ya no volverán, ya no volverás.
Un arrepentimiento bastaba. Perdonar bastaba. Bastaba borrar lo vivido y morir así: perdonando. Qué fácil se ve todo desde aquí. Qué simple parece ser. Allá no. Allá nada es así de sencillo. Allá el alma se fermenta, se apesta, se enlama.
Mi vida habría de ser tan diferente; así lo hubieses querido. Pero aquel día el destino me dejó allá, y a ti te llevó.
Maldigo al hombre y a los hombres, a todos ellos que no nos dejaron vivir, a todos ellos que te llevaron allá y a mí acá. Maldita la daga clavada en tu pecho. Malditas las balas que clavé en el pecho de él y en el pecho mío. Malditos los días que me ignoraron en la fiscalía. Malditas las noches en que lo busqué. Maldita la vez en que me dijeron: “Señorita, su hermana se lo buscó”. Maldita la vez en que me dijo: “No me mates”. Pero más maldita soy yo, pensando que con una bala me iría a reunir contigo; mas vine a dar aquí.
Él mandó a ese hombre (maldito) donde tú estás, pues su alma se arrepintió. Él me trajo aquí porque mi alma (maldita) no se arrepiente, porque mi alma murió a tu lado…
Y aquí te sigo rezando. No a Él, a ti. Él me mandó de este lado. Pero tú me llevas contigo entre que te recuerdo y te olvido.
No me perdones.

