MIGUEL COSTEMALLE CARRANDI
Que tu sonrisa perdure en la mía
Que tu sonrisa perdure en la mía.
Que cuando te vea en la alcoba,
te pueda alcanzar
y cuando te alcance, por favor:
no te pierdas
porque cuando te tengo
no respiro.
Arráncame de la inmortalidad de esta lágrima íntima. Tal tu palabra lo calma.
Arrúllame sin contar la lejanía.
Ayúdame, tal como el sol arrastra a la luna al salir.
Dame un día más
para que cuando oscurezca…
Solo tu sonrisa pueda ver
Morriña
Tomé el metal manchado,
mordido por meses de olvido. Y con los dedos fui rascando el óxido, debajo latía un brillo antiguo, todavía consciente de sí.
Me falló el pulso
y cayó.
El golpe abrió un eco limpio,
un gesto de destino hablando solo.
Lo recogí reteniendo el respiro, sintiendo su peso preciso,
ese peligro pequeño
de lo que puede romperse
solo por repetir el destino.
Así que me quedé quieto,
devolviéndole su silencio,
sabiendo que lo siguiente
ya no depende de mi mano.
A María Z
¿A quién le digo
lo que no tiene forma,
lo que me habita sin nombre? Cargo preguntas como sombras, y me angustia no saber
si alguna vez tendrán cuerpo.
¿A qué le pido respuestas,
si lo único cierto fuiste tú?
Y aun teniéndote,
hay huecos que no se llenan,
hay dudas que insisten
como un eco que no aprende a callar.
¿Cómo me miro
sin traicionarme en el intento? Si el silencio responde antes que yo, y en su calma se esconde la mentira… me angustia no saber
si soy lo que digo
o lo que no puedo decir.
