SOFÍA CARRANDI RAMOS
En la esquina está el flamboyán al que adoras, pero no llegas a tolerar. Por más que su sombra te cobije y la percusión de sus semillas llene de música tus tristezas, el color rojo de sus flores te disgusta. Has aprendido a odiar el carmín que mancha el verde de aquel árbol que tanto te gusta y a quien dices amar. Quisieras que dejaran de crecer; al menos que no tuvieras que verlas o siquiera saber que están ahí. De alguna manera, culpas al flamboyán, quien aprendió a avergonzarse de tal proceso natural. No eres el único que reprocha la existencia del árbol y lo sabes, pero aún te sorprendes cuando un día lo encuentras talado y abandonado. Sus ramas están rotas y el olor de su savia derramada es más violento que el de sus flores, mas tal escena de destrucción no te causa tanto repele como aquellas flores rojas, que ahora yacen en la tierra y mueren.
