JESÚS DANIEL REYES NAVARRETE
Fábrica de Trenzas
Ver que las trencitas caen
Un insípido dolor
Porque no se puede saborear más que el recuerdo
La villana memoria juega contra la heroína hubiera
El amor que amamantó
Miradas insensibles
El atropello de la justicia
La rabia como modo de vida
En sus pasitos estaban sus cantos y alfajores
Era su camino libre de espinas
Un ajeno vino con sus peligrosos tallos
A marchitar todo el vivero
Aquel que con tierras fértiles y amorosas
Fue concebido a las luces de lo materno incondicional
Las trencitas de su columpio
Ese de colores que una noche se quedó repentinamente oxidado
Noche que extraña y llora
Noche inhumana
Impotente descuido
Que atravesó en lágrimas un vestidito
Y clausuró el trabajo de la fábrica de trenzas
Dudas
Dudas.
Preguntas.
¿Qué tan sencillo es preguntarse… algo?
Depende de la búsqueda
Para responder habrá primero que saber preguntar
Una busca lo que la gente dice que busques
Y si yo busco lo que yo quiero buscar,
Encontraré lo que todOs me han respondido.
Dudas.
No tengo dudas porque no me han permitido dudar
¿Desde cuándo?
Desde siempre, me respondía él
Él siempre contestaba mis dudas
Lo hacía después de decirme qué era lo que tenía que preguntar
Él, sólo él, él era todOs
El único «todAs» de él eran todAs las veces que yO quería dudar, que mis
preguntas querían asomarse y que yO mismA pretendía responder lo que yO
buscabA, queríA, sentíA, amabA, vivíA…
Hoy volví a dudar, dudar si debía dudar de mí otra vez o nuevamente intentar
dudar de él.
Misericordias
Encomendarse a Dios
Nada hierve si te dedicas a él
Si le entregas tu vientre
Si esa sangre –sí, esa sangre– se la ofreces como ritual entre noches y días
Cada vez que el agua de los mares regresa
Cada vez que florece una amapola
Cada vez que confirmo que estoy viva en lugar de dar vida
Encomendarse a Dios suena tan fácil
Pero en los tímpanos traigo el ruido de esos sueños prohibidos
Suenan en mis manos
Toda esa hambre deshonorable que he decidido ignorar
Esos ayunos sagrados
La delicadeza de la tela
El asombro de la vida
Eso es encomendarse al regaño de Dios
A que escurra de las cuatro paredes
A que me encomiende a la caricia sin ninguna culpa
