ROBERTO DAVID
(Para mi Ma Morales, te amaré siempre)
I
Anoche murió mi abuela.
No hubo entonces
un cadáver más bello en el mundo.
La encontré acostada y sin frío.
Era como una dalia violeta penetrando el tiempo.
Un ángel mortal concluyendo servicio.
II
Dicen que hay que enterrarte mañana,
que tú ya no eres tu cuerpo,
que tienes fecha de caducidad.
Pero yo amo la serenidad con que lo llevas
y tu ausencia de tribulación bajo el vidrio.
Ahí, enmarcada, eres tu último retrato.
Un consuelo tuyo ante el olvido.
A veces creo que te pondremos en el suelo
para que a la tierra le broten hombres buenos.
Es lo que hace falta.
Tal vez sea cierto
y ya no seas María,
ahora eres semilla,
la luna brava de junio,
el llanto de mi mamá en las noches.
